Cuando los dos regímenes palestinos rivales
anunciaron su último acuerdo de reconciliación, el mes pasado, surgieron dos
preguntas obvias. La primera, sobre si se aplicaría realmente, dados los
innumerables acuerdos parecidos que se anunciaron a bombo y platillo para luego
desmoronarse y convertirse en renovadas disputas entre Hamás (Gaza) y Fatah
(Autoridad Palestina). Aunque la única pregunta verdaderamente fundamental
–para Israel y para cualquiera que no quiera otra guerra en Gaza– era cómo
afectaría el acuerdo a las finanzas de Hamás.
Hasta hace unos pocos meses, Hamás
disfrutaba del control efectivo sobre los ingresos de Gaza pero no sentía la
menor responsabilidad para con la satisfacción de las necesidades de sus
habitantes, ya que la Autoridad Palestina (AP) las financiaba en gran medida
(medicina, electricidad, etc.). Este arreglo aseguraba a Hamás una buena
cantidad de dinero para invertir en su aparato militar; dinero que provenía en
buena medida de los impuestos que recaudaba en Gaza. Como informó Avi
Issacharoff en el Times of Israel en abril, todo lo que se importaba en la
Franja estaba doblemente gravado, una vez por la AP y otra por Hamás. Hamás no
se contentaba con gravar las importaciones: lo gravaba casi todo. Así, según
contó el propio Issacharoff hace dos años, las empresas gazatíes debían pagar
500 shékels para que un representante de Hamás participase en las conferencias que
organizasen las propias compañías. “Hamás cobra unos cientos de shékels más por
registrar oficialmente la conferencia; y si se aplaza, también se grava el
aplazamiento”, escribía el periodista israelí.
Este conveniente arregló terminó
abruptamente la pasada primavera, cuando la AP se hartó de ser el cajero
automático de Hamás y dejó de asumir la mayoría de las necesidades civiles de
Gaza. El resultado, como referí en su día, fue que Hamás, por primera vez, tuvo
que poner dinero de su bolsillo para cubrirlas, lo que provocó que su
presupuesto militar cayera desde una cifra estimada de 200 millones de dólares
a sólo 50 este año (no se cuenta aquí el dinero extra que recibe de Irán, que
destina exclusivamente a gasto militar).
Para Israel, lo peor sería una vuelta al
statu quo ante, que la AP volviera a hacerse cargo de las necesidades civiles
de Gaza pero Hamás siguiera teniendo libertad para gravar cualquier cosa y
destinar los fondos a su aparato militar. En cambio, este sería claramente el
resultado preferido de Hamás. La principal razón por la que accedió al acuerdo
con la AP fue su deseo de librarse de las cargas civiles de Gaza para poder
volver a centrarse en su aparato militar.
La implantación del acuerdo de
reconciliación empezó con buen pie cuando Hamás entregó oficialmente a la AP
los pasos fronterizos de Gaza. No por la entrega en sí, que en líneas generales
no tenía importancia, sino porque Hamás también accedió a desmantelar los
puntos de recaudación de impuestos que había erigido en las inmediaciones.
Técnicamente, la entrega no afectaba a los
pasos fronterizos, que ya eran gestionados desde hacía años por personal de la
AP, dado que Hamás se niega a tratar con Israel directamente. También por eso
necesitaba tener puntos especiales de recaudación de impuestos. Pero esos
puntos eran importantes fuentes de ingresos para Hamás, ya que todas las
importaciones a Gaza pasaban por ellos. El paso con Egipto –el único que
realmente cambió de manos como consecuencia del acuerdo de reconciliación– es
sólo para personas. El contrabando transfronterizo, una importante fuente de
ingresos, se redujo drásticamente cuando Egipto empezó a tomar medidas
enérgicas contra los túneles utilizados para ello, en 2013. Por lo tanto, la
eliminación de esos puntos afectó gravemente al flujo de ingresos de Hamás.
Por supuesto, Hamás sigue teniendo el
dinero que le llega de Irán, estimado en 60-70 millones de dólares este año, y
ese dinero seguirá yendo directamente a su aparato militar. Pero sigue siendo
mucho menos de lo que gastaba en su ejército en 2014, cuando recibía menos
dinero de un Teherán con problemas de liquidez pero seguía contando con el
flujo estable proveniente de los impuestos de Gaza.
Hamás accedió a desmantelar los puntos de
control porque tanto el presidente de la AP, Mahmud Abás, como Egipto se
negaron a aceptar una vuelta al statu quo ante y exigieron en su lugar que la
AP tuviera pleno control sobre Gaza. Y respaldaron esta exigencia con una
fuerte presión financiera: la AP, dejando de aportar fondos para la Franja, y
Egipto, cerrando su paso fronterizo durante meses.
La pregunta es si tienen un plan para hacer
que se siga cumpliendo esta exigencia en el largo plazo. Después de todo, una
vez Hamás no se haga cargo de las necesidades civiles de Gaza, dejará de ser
vulnerable a ese tipo de presión financiera. Y como la reconciliación no exige
el desarme de Hamás, ésta seguirá siendo la potencia militar más fuerte en
Gaza, incluso después de que las fuerzas de la AP vuelvan a las fronteras. Por
lo tanto, no se sabe cómo podría alguien impedirle utilizar sus armas para
seguir extorsionando con impuestos una vez haya conseguido lo que quiere del
acuerdo, que es dejar de responsabilizarse de los asuntos civiles.
Esto es importante porque Hamás no ha
mostrado signos de haber abandonado su deseo decombatir a Israel. El mes
pasado, sin ir más lejos, su nuevo líder en Gaza, Yahia Sinwar, declaró: “La
discusión ya no va de reconocer a Israel, sino de borrarlo del mapa”. Lo que
les ha refrenado en los últimos tres años ha sido la falta no de deseo sino de
capacidad: su arsenal de cohetes y sus túneles de ataque transfronterizos
quedaron muy maltrechos en la última guerra, en 2014, y no les conviene otra
hasta que hayan reconstruido su arsenal. Por lo tanto, cuanto más dinero tenga
Hamás para gastar en su reconstrucción militar, antes llegará al punto en el
cual considere que se puede permitir empezar otra guerra.
De ahí que, si quieren evitarla, la AP,
Egipto y la comunidad internacional deban empezar a pensar sobre cómo mantener
a Hamás lejos de los ingresos gazatíes. Porque si se permite a Hamás volver a
ordeñar Gaza para financiar su aparato militar, la próxima guerra en la Franja
será ciertamente mera cuestión de tiempo.
¿Y ahora qué pasará con las finanzas de Hamás?
22/Nov/2017
PorIsrael, por: Evelyn Gordon